sábado, 30 de noviembre de 2013

La leyenda de los 40 caballeros de los Frates de Cáceres.

 
            Entre las leyendas más populares de la ciudad destaca la de los 40 caballeros de los Frates de Cáceres, ocurrida en el siglo XII.

Caballero de los Frates de Cáceres (F.I.)
           Desde la batalla de Zalaca en el año 1086, Cáceres había pertenecido a los almorávides, hasta que en el 1165 Gerardo Geráldez, apodado Sempavor (“sin miedo”), el ”Cid” portugués, con un ejercito de mercenarios toma la ciudad de Évora. Comienza entonces una carrera imparable de conquistas contra los musulmanes, ganándoles territorios y arrebatándoles plazas tan importantes como Trujillo, Montánchez o Cáceres.
            Cuatro años después, en el 1169, asentadas dichas plazas, Gerardo Sempavor junto a Alfonso I de Portugal, en su afán insaciable de conquista, marcha y sitia la Taifa de Badajoz. Ante esta expansión portuguesa, Fernando II de León temeroso del poder que el rey portugués iba alcanzando y molesto por la anexión de territorios que según el Tratado de Celanova firmado por ambos reinos, pertenecían al reino de León, pacta con los almohades y acude en auxilio de ellos. Derrotados los portugueses, Gerardo Sempavor es obligado a entregar Cáceres al rey leones, además de otros territorios conquistados.

            Gerardo Sempavor           Fernando II de León. (F.I.)
             De vuelta a su reino, Fernando II toma la ciudad de Cáceres y para protegerla de un intento de reconquista musulmana, encomienda su custodia y defensa a una hermandad religiosa recién creada por Pedro Fernández, Señor de Fuentencalada, junto a doce caballeros de la alta nobleza del reino de León, que con un espíritu religioso acuerdan congregarse con el fin de combatir contra los multitud de sarracenos que llegaban de África. Aunque también se encargaron de proteger a los peregrinos de camino hacia Santiago, su función principal era la defensa de la expansión del Islam.
Bajo la advocación del Apóstol Santiago y con la protección de Fernando II que les cede Cáceres para tal cometido, fundan en el año 1170 la primera casa militar de la hermandad, nace entonces la Congregatio de Cáceres, también llamada los Seniores de Cáceres o los Frates de Cáceres, transformándose desde ese instante en una milicia religiosa, cuna y origen de la Orden de los Caballeros de Santiago, que toman como simbología la Cruz de Cristo en forma de espada en color sangre sobre su pecho, por lo que también fueron conocidos como los Caballeros de la Espada.

Torre de los Espaderos e Iglesia de Santiago de Cáceres.

          El primer Maestre de la Orden fue don Pedro Fernández, Señor de Fuentencalada, descendiente de los Reyes de Navarra y de los Condes de Barcelona junto a él estaban grandes noble leoneses, como don Rodrigo Álvarez, III Conde de Sarriá (que después fundaría la Orden de Montegaudio o Monfragüe), don Fernando Odoarez, Señor de la Barra o don Pedro de Arias.
Situaron los Frates su convento en la que hoy es la Iglesia de Santiago donde aun hoy podemos ver vestigios de aquella época en la propia iglesia. Alrededor de esta situaron sus dependencias los frates, prueba de ello nos quedan nombres, como la calle Cuesta del Maestre, la Torre de los Espaderos, o el apellido Espadero o Cáceres en la Villa.


Torre de Bujaco de Cáceres.
              Los años siguientes fueron prósperos para la Orden, cada vez eran más los caballeros de León, de Castilla o de Navarra los que se unían a esta cruzada donando sus bienes, tierras, villas o castillos a la congregación, incluso el propio monarca leones les otorgó tierras y castillos. Hasta que llegamos al año 1174 en aquella fecha el Califa almohade Abú Yacub Yusuf emprende su campaña de reconquista en la península de los territorios arrebatados por los cristianos, subiendo con sus huestes por la Vía Guinea, (la actual vía de la plata) el gran ejercito árabe va tomando las Villas y los castillos que encuentra en su camino, unas a fuego y sangre, otras, sitiadas, por hambre. Medellín, Mérida, Trujillo y Montánchez, van sucumbiendo ante el poderío musulmán, hasta llegar a las afueras de Cáceres, la casa matriz de los Caballeros de la espada.

Escena de combate entre cristianos y musulmanes (F.I.)
            Al encontrase el califa almohade una fuerte resistencia que no esperaba, y siendo su objetivo principal apoderarse de las Villas de más de renombre de Coria y Alcántara, encarga la toma de Cáceres a su lugarteniente Abú Hafs Omar que subía desde Mérida con las tropas de refuerzo. 
Nada más llegar Abú Hafs Omar sin dar tiempo a una recuperación a los habitantes, pone sitio a la ciudad. Los meses van pasando, escasean los suministros y las bajas entre las tropas defensoras van aumentando mientras cada vez son más los sarracenos asentados a las puertas de la ciudad. A la espera de la ayuda de las huestes cristiana, solamente la fe mantiene a los nobles caballeros de los Frates en pie. Tras varios meses de continuos ataques, la feroz resistencia numantina de la orden, presagia su fin. Las tropas almohades franqueadas ya las murallas, optan por una nueva táctica, van tomado la villa al asalto torre a torre venciendo la oposición de los caballeros que la defienden.

Torre de los Carvajal de Cáceres.
           La superioridad almohade hace que la defensa sea inútil, las torres van cayendo una a una, la iglesia es toma, el conventual también, los pocos caballeros supervivientes se refugian en la única torre aun en su poder, la tradición popular dice que fue en la Torre de Bujaco (de ahí su nombre), otros historiadores en la torre redonda de los Carvajal, yo creo que no fue ninguna de estas dos; pero sea cual fuera los últimos 40 caballeros de los Frates de Cáceres son reducidos a ese un último baluarte donde se hacen fuertes, hasta que asediados, rodeados y sin salida posible son obligados a claudicar.
Son los últimos Frates de Cáceres, y Abú Hafs Omar como advertencia a los cristianos y en especial a la Orden de la Espada que tantos hombres les había arrebatado en batalla, en la cima de la torre donde habían resistido los aguerridos caballeros cristianos, los va degollando uno a los cuarenta Frates de Cáceres, dando su vida por la Orden y por la Villa de Cáceres.
Puerta del Peregrino Iglesia de Santiago de Cáceres.
          La casa matriz de la Orden pasó entonces a la Villa de Uclés, pero los caballeros de la Orden nunca perdieron la esperanza y la fe de reconquistar la cuna de su origen, la Villa de Cáceres.
Cáceres volvió a ser conquistada por los cristianos, un  breve periodo de tiempo y perdida de nuevo en el año 1213, permaneciendo musulmana bajo el nombre de Qazris, hasta que el 23 de abril del año 1229 que es reconquistada definitivamente por Alfonso IX, monarca del reino de León y de Galicia, (como ya conté en la “Leyenda de la princesa encantada”) con la ayuda de las Ordenes Militares entre ellas la de Santiago. Una vez reconquistada la Villa, los antiguos Frates reclaman la ciudad para su Orden, pero el rey se se niega  ha entregársela, la quiere para él pues no poseía ninguna Villa en aquel extremo sur del reino, y Cáceres estaba ubicada en un enclave estratégico, rodeada de tierras y villas perteneciente a la Orden Militar de Alcántara, Calatrava o Santiago. Así se inicia un pleito entre la Orden y el rey.
Escudo de los Cáceres o Espaderos
            Los caballeros de Santiago recurren al Santo Padre, hasta que llegan a un acuerdo; el rey les ofrece a cambio de la Villa de Cáceres las Villas en tierras zamoranas de Villafafilia y Castrotoraf, además de 2.000 maravedíes. La Orden obligada, acepta perder su casa matriz, pero en represalia se llevan de la ciudad todo los restos que aun había en la ciudad de la Orden: las insignias, los escudos, e incluso los sepulcros de sus hermanos muertos en batalla, además de cambiarse definitivamente el nombre de la congregación, pasando de ser los Frates de Cáceres o Orden de los caballeros de la espada por el de la Orden de Santiago.
El rey para asegurarse que las órdenes militares religiosas no volvieran a hacerse con el control de Cáceres, la hace Villa de realengo (que pertenece directamente al rey), y por fuero les prohíbe su asentamiento en la ciudad y las futuras donaciones de los vecinos.
Evolución de la Cruz de Santiago (F. David Garcia)

         Desde entonces aquellos 40 Frates que dieron su vida por la defensa de la ciudad son considerados como los 40 primeros mártires en el bulario de la Orden de Santiago.

Más leyendas son así te las he contado, gracias y hasta la próxima.
 
           Quisiera dedicar esta leyenda a mi gran amigo y seguidor del blog Víctor Cruz. El dolor pasará amigo, pero los recuerdos siempre permanecerán, un abrazo y mucho ánimo. 


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños  
Fuentes Consultadas:
-“Apuntamiento legal sobre el dominio solar…de la Orden de Santiago.” Bernabé de Chaves.
-“Vida del venerable fundador de la Orden de Santiago…” José López Agurleta
-“Historia de la ciudad y corte de León y de sus reyes.” Manuel Risco.
-“Iglesia de León, y monasterios antiguos
- “Castilla y León frente al Islam. Estrategias de expansión y tácticas militares (S. XI-XIII).” Francisco García Fitz.        
-“Castillos, torres y casas fuertes.” Publio Hurtado
-“La villa de Cáceres.” Antonio Floriano 
-“Noticias históricas de Cáceres.” Simón Benito Boxoyo
-“Paseo por la eternidad.” Francisco Acedo

viernes, 1 de noviembre de 2013

La leyenda del llanto de la mora del Castillo de Monfragüe.


Restos del Castillo de Monfragüe (F. foticosyrutas)
    
       Los orígenes de castillo de Monfragüe se remontan a la época musulmana, siendo su función la vigilancia y la defensa del paso a través del rio Tajo. Desde entonces ha sido conocido por distintos nombres Al-Mofrag, Mons Fragorum, o Monfrag, hasta llegar al actual Monfragüe. Son también numerosas las leyendas e historias que de él se cuentan, y estas es una de ellas.

Era la época de las luchas entre cristianos y árabes, cuando el castillo de Al-Mofrag estaba gobernado por un noble Kaid, el cual tenía tras de sí una maldición heredada de sus antepasados.
La vida del Kaid trascurría todo lo tranquila que se podía en aquella era de guerras y conflictos religiosos. Su tiempo lo dedicaba a la administración de su castillo, sus tierras aledañas y a las razias que ocasionalmente realizaba, hasta que llegó el día del nacimiento de su primer vástago.
Aquel día los gritos de dolor provenientes de las habitaciones privadas del Kaid se escuchaban por todo el castillo, y tras unos minutos de tremendos sufrimientos se escuchó el llanto de un niño recién traído al mundo.
“¡Buuáááááh!”
En una cámara adyacente se hallaba el Kaid paseando impaciente, es el primero parto de su joven esposa, tras unos minutos la puerta se abre y tras ella sale una mujer con un bebe en brazos.
“Mi señor -dice la partera- lo siento vuestra esposa no lo ha superado.”
El silencio inundó la estancia, solo roto por un desgarrador grito proveniente de los labios del Kaid.
”Nooooo, ¿Porqué, porqué?”
“Mi señor -volvió a hablar la partera mostrándole el bebe.- esta es vuestra hija”
Interior  torre del homenaje de Monfragüe (F. Jexweber)
 
Era la primera mujer que venía al mundo en la familia en muchos años, y en ese instante entre la rabia y los sollozos por la pérdida de su adorada esposa, le vino a su memoria las palabras que su padre en el lecho de su muerte le trasmitió:
“Hijo, existe sobre nuestra familia una maldición por la cual nuestra raza fenecerá y será maldita en una hembra”.
Desde aquel día encerrose el Kaid en sus aposentos, nada quería saber del mundo, la tristeza de la pérdida de su amada y los sentimientos enfrentados hacia su hija, inundaban sus pensamientos, ni comía, ni salía, ni deseaba ver a nadie. Así estuvo hasta el octavo día, que salió obligado por la tradición musulmana de la fiesta de las fadas, día en que los parientes y allegados se reúnen alrededor del recién nacido, para darle un nombre ante Alá. Durante la celebración los invitados consumían una res degollada y degustaban unas tortas realizadas expresamente para aquella ocasión.
Todo transcurría con normalidad en el festejo, hasta que el Kaid tomo en brazos a su hija, un sentimiento de inocencia y amor inundó su corazón, casi temblando se arrodilló y con los ojos cerrados invocó a Alá para que le ayudase en la elección del nombre de su hija e intercediera junto a él contra la maldición, fue entonces cuando escuchó la voz de un dijinn (un genio árabe) que le susurró al oído:
“Tu hija crecerá sana y feliz pero en el transcurso de su vida deberás apartarla de las influencias de la cruz.”
Así lo hizo, y siguiendo esa premisa la niña, a la cual llamó Noeima, creció bajo el auspicio del siempre vigilante y temeroso padre. Alejada de todo símbolo de la cristiandad, se convirtió Noeima en la princesa más bella del lugar. Coqueta, bulliciosa y llena de vida, era cortejada por grandes señores y guerreros árabes que solicitaban su mano, mas su intrépido corazón no latía a la voluntad de tales esponsales.
Miniatura de músico y poeta árabes (F.I.)
 
Un día el Kaid recibe un correo invitándoles a una gran fiesta en la villa de Trujillo, a la cual para complacer a su amada hija, convienen en asistir. Días antes de la celebración con los preparativos ya dispuestos, parte la comitiva hacia Trujillo. Al frente de ella, en un majestuoso caballo blanco, el Kaid, y tras él, en un lujoso carruaje todo cubierto de seda y custodiado por un número considerable de guerreros sarracenos, su bella hija.
Al llegar a la engalanada villa son gratamente recibidos por las autoridades. El jolgorio y la algarabía inunda cada rincón de la ciudad, vecinos de toda la comarca han acudido a la celebración. Tras ser alojados en el castillo, el Kaid y su hija comienzan a disfrutar de los festejos. En uno de los muchos juegos celebrados, la diosa fortuna quiso que la bella Noeima fuese elegida la reina de la hermosura siendo el centro de atención de todos los asistentes.
Se disputaron juegos de sortijas, de bohordos, y cuando llegó la hora de los juegos de cañas (precursor de los juegos de justas medievales), Noeima como reina del torneo presidió las contiendas siempre junto a su vigilante padre, los principales caballeros venidos de reinos cercanos van sucumbiendo ante su belleza, todos ansia ganar el duelo para recibir de sus manos el premio de campeón y ganar así su corazón.
Todos los participantes se batieron con enorme destreza y gallardía, y tras duras horas de batallas sólo quedaron en pie cinco jinetes, los Alcaides de Albalat y Zuferola, un Nahib de Muntajesh (Montánchez), y dos Jeques de Talvira (Talavera).
Cuando se disponían a sortear los turnos para la siguiente ronda, suenan las trompetas, y un jinete montado en un corcel negro y con brillante armadura aparece en el campo de cañas, no lleva enseña alguna, ni escudo que lo distinga, nadie sabe quién es aquel misterioso caballero. Tras saludar a la reina del torneo coge una lanza del astillero, y colocándose en una de las esquinas del campo reta a los caballeros, estos noblemente aceptan el desafío.
Juego de cañas medieval (F.I.)
 
Uno a uno, entre vítores de los asistentes los contrincantes van cayendo ante la maestría con la lanza del desconocido caballero, hasta que le toca el turno al favorito del Kaid, el Alcaide de Albalat, gran guerrero curtido en numerosas batallas. Suenan trompetas y tambores, los caballos comienzan a galopar, los escudos fuertemente agarrados protegen los torsos de los desafiantes caballeros, las lanzas en posición horizontal aguardan el impacto, se acerca el momento, un tremendo ruido acalla a la multitud, en el primer encuentro las lanzas se rompen y se astillan por el impacto en los escudos, mas nadie cae del caballo.
Un fuerte -“Oooooh”- fue exclamado por los que contemplaban extasiados el espectáculo rompe el silencio.
Los caballeros piden nuevamente lanzas y sin demora vuelven a la carga, el silencio inunda nuevamente el recinto, en este segundo choque uno de los caballeros es descabalgado de su montura por la lanza de su oponente y yace inmóvil en la arena, es el Alcaide de Albalat. El enigmático caballero ha vencido el torneo, los asistente con alegría unos y tristeza otros aclaman al justo vencedor. Solamente el temeroso y comedido Kaid mira con recelo al caballero sin nombre.
El triunfal caballero apeándose de su caballo se dirigió a las gradas donde se hallaba presidiendo los juegos la bella Noeima. Sin alzar la visera el enigmático caballero hincó unas de sus rodillas en tierra, en ese instante, la dulce Noeima ante la mirada vigilante de su padre, levantándose de sus asientos y con extrema delicadeza se quitó un hilo de perlas que adornaba su gentil cuello colocándoselo en una de las muñecas enguanteladas del caballero, después  extendiéndole una de sus finas manos le dijo:
“En buena lid luchasteis y como justo vencedor os recompenso, pero quitaros el yelmo y daros a conocer para que todos puedan aclamar vuestro nombre.”
El caballero sin complacer a Noeima, tomo dulcemente la blanquecina y suave mano que la joven sarracena le ofrecía y tras dibujarle una cruz con el dedo índice de su mano diestra le dio un cálido beso.
Torre del homenaje de Monfragüe (F. Jexweber)
 
En ese instante el Kaid reconoció en aquel gesto el símbolo fatídico de su profética maldición y lleno de ira y locura se levantó raudo de su asiento gritando:
“¡Prended a ese maldito infiel, prendedle!
Los demás caballeros y nobles no daban crédito a las palabras iracundas que vociferaba el Kaid. Aquellas palabras eran una ofensa hacia las leyes del honor y la hospitalidad y nadie osaría ir contra ellas.
Pero ya era demasiado tarde, la bella Noeima desde el mismo instante en que sus manos se tocaron sintió la pasión, el deseo y el amor hacia aquel caballero. Una fuerza indescriptible recorrió su cuerpo y la hizo estremecer, su corazón se aceleró y latiendo fuertemente tornó sus mejillas en color rosado, había quedando prendada de aquel misterioso caballero. 
El Kaid, colérico y fuera de sí desenvainó su espada y trató de abalanzarse sobre el caballero, pero enseguida fue reducido por un grupo de nobles que se hallaban junto al:
“Soltadme debo matarlo, le mataré, le mataré, ese infiel es la perdición de mi familia, os arrepentiréis todos por dejarlo marchar, os arrepentiréis”
Siguió gritando el Kaid mientras el imbatido caballero se alejaba y desaparecía tan misteriosamente como había venido.
Monfrague desde la torre del homenaje (F. Jörn Wendland)
 
Pasaron los días, las semanas, los meses, pero nada volvió a ser igual en el castillo del Kaid; desde aquel fatídico día, la alegría, las risas y la placida vida palaciega había tornado en tristeza, desgracias, enfermedades y penurias.
El Kaid obsesionado con la maldición había enloquecido, su reino se deshacía, se desmembraba. Trastornado y fuera de sí culpaba de todos sus males a su antes adorada hija. Las malas cosechas, la escasez de lluvias hizo aun mas mella en la población que se rebelaba contra su Kaid e incluso sus incursiones en tierra cristinas antaño productiva y victoriosa acaban ahora en derrotas.
“¡Es la maldición, todo es culpa de la maldición!”
–Gritaba y repetía el Kaid loco de si por todas las salas del palacio.-
La joven Noeima para paliar aquella obsesión hacia la maldita profecía que había trastornado padre y sacarlo de la desesperación y de la locura que lo consumía, exigía a todo aquel pretendiente que solicitaba su mano en matrimonio, como prueba de fe, realizar una razia en tierras cristianas y traer como trofeo la cabeza de doces caballeros cristianos que serían ofrecidas como tributo a Alá como desagravio a la ofensa realizada por el misterioso caballero y recuperar a su antaño padre.
“Sólo aquel que realice con éxito esta prueba de fe obtendrá mi mano.” -Repetía Noeima a todo aquel pretendiente que ante ella se presentaba.-
Muchos fueron los pretendientes de la bella Noeima y muchas fueron las razias que en tierras cristianas se realizaron, pero ninguna victoriosa. La mayoría de los aspirantes perecían en el intento o desistían ante tal magna hazaña. 
Plano del castillo de Monfragüe (F. Gervasio Velo)
 
Quizás lo que pretendía ocultamente la enamorada Noeima era que con el tiempo el gentil caballero que besó su mano acudiera en su rescate.
Aquellas continuas incursiones tuvieron un efecto de reactivación de la reconquista en las tropas cristianas, que comenzaron a tomar las aldeas, pueblos y castillos de la comarca entorno al rio Tajo hasta que por fin llegaron a las puertas del castillo de Al-Mofrag. El ejército cristiano asaltó el castillo, donde nada o poco pudieron hacer los antes valientes y aguerridos guerreros árabes, que sin un líder que los guiara y aleccionara sucumbían ante el invasor.
Con el ejercito a las puertas del castillo el Kaid se dio cuenta que aquel era el fin de su dinastía, la maldición se estaba cumpliendo fielmente. Loco, fuera de sí y consumido por la maldición se dirigió hacia los aposentos de su hija, y hallándola asustada y temblorosa, la culpó de todos los males acaecidos por sucumbir su corazón ante los deseos del infiel caballero causante de su perdición, y así con todo su odio y rencor la maldijo:
“Yo te maldigo una y mil veces, y conjuro a tu alma para que deambule sola, aislada e intangible entre los muros de este castillo hasta la consumación de los siglos, en expiación de tus heterodoxas inclinaciones pecaminosas”
Vistas del Castillo de Monfragüe (F.I.)
 
Desde entonces, en las frías y tenebrosas noches de invierno, Noeima vestida de tisúes y coronada con una estrella negra que alumbra sus silenciosos pasos, abandona el refugio de su ruinoso castillo para sentarse en el llamado Cancho de la Mora donde llora y llora su malhadada suerte vertiendo sus ojos lágrimas, tesoros de perlas, que se trasforman en riachuelos que se precipitan por las escarpadas laderas hasta unirse al rio Tajo.
Un milenio después, no son pocos los que aun hoy juran haber oído el llanto de una joven en la oscuridad de la noche o haber visto la silueta de la bella sarracena sentada en el Cancho de la Mora.

Mas leyendas son y así te las he contado, gracias y hasta la próxima.
 
Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes consultadas:
-“Castillos, torres y casas fuertes de la
   provincia de Cáceres”. Publio Hurtado.       
-“Castillos de Extremadura”. Gervasio Velo y Nieto.
           -“Leyendas extremeñas” José Sendín Blázquez.

domingo, 20 de octubre de 2013

El origen del nombre de Extremadura.


Mapa antiguo de Extremadura (F.I.) 

            El nombre de Extremadura hace su aparición alrededor del siglo XI y en su definición no hacia referencia a una sola comarca o región, como en la actualidad, si no que la palabra Extrema ó Extremo, junto al sufijo latino -dura ó –tura, agrupaba a un gran territorio; donde el término Extremo sería sinónimo de confín, por lo tanto las Extremaduras serían los confines del reino por su parte meridional, la frontera que dividía los reinos cristianos de los musulmanes. Estos territorios fronterizos iban variando según avanzaba la reconquista y se fueron repoblando.

Hubo entonces al menos cuatro Extremaduras, tantas como reinos peninsulares, la Extremadura de Aragón, la de Castilla, la de León y la de Portugal. Estas tres últimas abarcaban hasta la ladera Norte del Sistema Central.
La Extremadura castellana llegaba a los Altos de Barahona, las sierras de Guadarrama y Gredos y tenía influencia sobre la sierra de Béjar, comprendía parte de las actuales provincias de Soria, Guadalajara, Segovia y Ávila, su capital.
Como reminiscencia de aquella antigua Extremadura, podemos ver hoy en el escudo de Soria, la leyenda en la que leemos: "Soria pura, cabeza de Extremadura".
Escudo de Soria (F.I.)

La Extremadura leonesa también ejercía influencia sobre la sierra de Béjar y parte de ella eran las laderas Norte de las sierras de Francia y Gata. Su capital inicial fue Salamanca.
 
Por último la Extremadura portuguesa, que se hallaba en torno a la sierra de la Estrella.
Aunque hay que decir que las delimitaciones de estos territorios nunca estuvieron muy claras y definidas, más cuando la reconquista fue avanzando a la transierra; nombre dado al terreno de expansión al sur de estos reinos bajo el dominio árabe; por cual también lo hizo esta frontera, ampliándose así estas Extremaduras, como he comentado anteriormente.
No será hasta los reinados de Alfonso IX de León y su hijo Fernando III de Castilla, con la adquisición de los nuevos territorios ganados a los árabes, cuando el termino Extremadura haga ya referencia explícita a los actuales territorios de Cáceres y Badajoz, con algunos ajustes aun geográficos (por ejemplo Bejar que perteneció a Extremadura hasta 1.833, que con la división provincial de Javier de Burgos pasó a la provincia de Salamanca). Y es a partir del siglo XIII cuando la Extremadura leonesa (antecedente máximo de la actual Extremadura) desapareció de los documentos oficiales, cuando en 1273 Alfonso X estructuró la Mesta dando así carácter oficial a la práctica ya secular de la trashumancia del ganado ovino desde la Subemeseta Sur a la Submeseta Norte y al revés, y para entenderse a ese territorio innominado se le acabó llamando Extremadura.
Y habría que esperar a las Cortes de Alcalá del año 1.345, en las que se ponían en boca del rey Alfonso XI las siguientes palabras:
 
A los que nos pidieron merced, que por cuanto mandáramos poner alfolíes de sal en Jerez y en Trujillo y en Plasencia y en Béjar y en Coria y en Cáceres y en otros lugares de la Extremadura y en Alcaraz y en Villarreal y en fronteras de Portugal”.

En conclusión, la palabra Extremadura haría referencia en sus orígenes a la frontera o extremo sur del reino, y habiendo en un principio varias Extremaduras, la única que subsistió bajo ese nombre al paso del tiempo fue la actual Extremadura.  
Bandera oficial de Extremadura (F.I.)

Con respecto a la bandera de Extremadura, su origen es mucho más actual, como el del escudo que más adelante citaré. La primera aparición de la bandera en los años 70, y su autoría se la atribuyen a varias personas entre ellas al profesor Antonio Galache Cortés o al abogado Martin Rodríguez Contreras, siendo este ultimo el más reivindicado para su autoría.
En cuanto a su interpretación de los colores es también muy variada, Martin Rodríguez Contreras dice:
"Los colores se habían inspirado en los tradicionales de la cacereña capital (verde y blanco) y en los genuinamente clásicos de Badajoz (negro y blanco), que en feliz conjunción, y sirviendo el blanco como nexo de unidad fraternal, suponen como resultado la Tricolor, situándose por razón geográfica arriba el verde y el negro debajo...”
Otra interpretación cuentan que:
"El color verde era el color emblemático de la Orden de Alcántara, cuyos territorios y encomiendas se extendieron por gran parte de las provincias de Badajoz y Cáceres. El color blanco era utilizado en el pendón real de los monarcas leoneses y castellanos que reconquistaron la región, incorporándola a Castilla. Y el color negro se tomó del estandarte de los reyes Aftásidas de Badajoz, que crearon un gran reino musulmán sobre la mayor parte de Extremadura, en el siglo XI, y aportaron un esplendor literario y cultural como nunca antes fue conocido".
Y la versión más mundana dice que los colores los había sacado de la indumentaria que vestían los equipos de fútbol del C. P. Cacereño y del Club Deportivo Badajoz.
Sea como fuere, en año 1,983 fue incluida como símbolo de la identidad regional en el articulado del Estatuto de Autonomía de la comunidad.
Escudo heráldico oficial de Extremadura (F.I.)
 
Con respecto al escudo de Extremadura  que es descrito en el título I de la Ley 4/1985, de 3 de junio, se inicio para su realización una campaña en la cual se pedía la colaboración de todos los extremeños. Con la ayuda de los 300 modelos recibidos y la aportación final de la Real Academia de Extremadura se creó el escudo actual de Extremadura. Sin embargo, esta descripción oficial ha sido objeto de numerosas críticas por parte de académicos heraldista, pues tanto su diseño como su blasonamiento y sus fundamentos históricos y heráldicos, son incorrecto como detalla Pedro Cordero Alvarado en su “Estudio crítico del escudo de Extremadura” y como podemos observar en las imágenes de ambos escudos.

Escudo heráldico de Extremadura, según el blasonado corregido.
 
 
Gracias y hasta la próxima. 

Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes Consultadas:
- “Estudios de historia de Cáceres”. Antonio C. Floriano.
- “Extremadura no es Extremadurii.” Carlos Callejo
   Serrano
- “Cartas pueblas, fueros municipales y cartas de exención
   en la Extremadura medieval.” Domingo Domené
-“La identidad extremeña. Reflexiones desde la
  antropología social.” Javier Marcos Arévalo.
            - “Estudio crítico del escudo de Extremadura”. Pedro
              Cordero Alvarado

sábado, 5 de octubre de 2013

El incidente entre el Concejo, el pueblo y el Convento de Santo Domingo.

 
Convento de Santo Domingo, Cáceres.
          
            En el año 1.528 se establecen en la Villa de Cáceres la Orden Mendicantes de los Dominicos, contraviniendo nuevamente el fuero latino de Cáceres, como ocurrió con la fundación del Convento de San Francisco.

Su establecimiento se permitió por ser considerado un bien beneficioso para la población o porque según creían aquella legislación vigente medieval había quedado ya obsoleta.
Su fundación fue a instancia de doña Catalina de Saavedra en 1.524, y la Bula de Su Santidad y Cédula de S.M., pero con la firmen oposición de la Orden Franciscana asentada en la Villa, los cuales aludían a dicho Fuero para su negativa, cuando ellos lo habían ignorado un siglo anterior.
Para edificar su monasterio los Dominicos además del terreno cedido por doña Catalina, adquirieron al Concejo un edificio fuera de las murallas donde antiguamente estuvieron ubicadas las cárceles de la Villa, el cual se hallaba en un estado bastante ruinoso.

Iglesia de Santo Domingo, Cáceres
 
También ayudó con la construcción de la capilla mayor doña Beatriz de la Cerda, una mujer envuelta en un halo de misterio e intriga que otro día contaré.
En el interior del Convento se veneraba a la Virgen del Rosario, antigua patrona de Cáceres (actualmente es la Virgen de la Montaña) con cofradía desde el año 1.525.
Construyeron además los Dominicos una hospedería para alojar y dar de comer aquellos que lo necesitaban. La hospedería estaba situada en un edificio próximo al convento, en la calle Sancti Spiritus, para lo cual los dominicos tenían que salir del convento, por la  entrada principal que estaba donde hoy se haya la calle Andrada, atravesar el Rio Verde Alto o el Rio Verde Bajo que discurría por donde hoy da nombre a la vía, calle de Ríos Verdes, hasta llegar a la hospedería. Para solventar las molestias que causaba cruzar todos los días el cauce del rio, sobre todo en las épocas de lluvia cuando este iba crecido, los monjes Dominicos decidieron levantar en el año 1.597, un puente elevado que uniera el convento con la hospedería y para ello levantaron un muro apropiándose del espacio público, lo que provocó la indignación del pueblo y del Concejo.
Años antes el Concejo tuvo que salir al socorro del convento para que pudiera seguir ejerciendo su labor humanitaria, otorgándole en el año 1.536 la cantidad de 1.000 maravedíes en concepto de limosna, ahora esta disputa terminaría con la intervención del Consejo Real.
Detalle de escudo del Convento de Santo Domingo.
 
Las obras del muro comenzaron con el favor y beneplácito del Corregidor, pero aquella vía al ser pública necesitaba una licencia expedida por el Consejo Real, de la cual carecían.
Los vecinos colindantes al Convento, que solían acceder a sus casas por la puertas traseras, así como los transeúntes que utilizaban habitualmente esa calle, se opusieron al cerramiento de la misma, y por ello dirigieron sus protestas al Concejo, teniendo que intervenir el Procurador del Común, que dispuso que aquella actuación del corregidor y del Convento perjudicaba a la Villa de Cáceres por cual presentó el caso a la Justicia. Deliberado el caso, la Justicia dio la razón al Procurador, y esta sabida la noticia se personó con las autoridades de la Villa para paralizar las obras.
Cuando llegaron vieron como los mismos frailes ayudados por algunos aldeanos estaban levantando el muro y les instaron a que pararan las labores, pero los frailes hicieron caso omiso. Aparecieron entonces los agentes de la justicia, que con la ayuda de las autoridades y a instancia del Alcalde Mayor, comenzaron a retirar y derribar las piedras del muro. El ambiente se fue enturbiando, los monjes comenzaron a increpar estas acciones, a lo que respondieron los agentes blandiendo sus espadas, comenzó entonces una lucha desigual, por un lado los frailes lanzando piedras y palos en manos y por otro los agentes de justicia y las autoridades con sus armas en ristres.
Aquella batalla campal y algarabía que se montó escandalizó tanto a la Villa y sus alrededores, que ante la gravedad de los hechos se tuvo que recurrir al Consejo Real.
Para reconciliar a los vecinos y a los frailes, y volver la normalidad a la Villa, el Procurador del Común propuso al Consejo la construcción de un puente cubierto para solucionar el problema, al cual accedieron pasados un tiempo.

Puente de la discordia.
 
Tras la desamortización de Mendizábal el convento fue aduana, oficina de rentas y escuela, hasta que en el año 1.915, los padres franciscanos se hicieron cargo de él, hasta nuestros tiempos. La Hospedería de Santo Domingo corrió distinta suerte, siendo en la actualidad una casa privada.
Como legado de aquella disputa nos queda hoy en día el puente de la discordia, impertérrito al paso de los años pero despojado de la función para lo que fue construido.

Gracias y hasta la próxima.


Escrito por: Jesús Sierra Bolaños

Fuentes:
- “Noticias históricas de Cáceres.” Simón Benito Boxoyo.
- “Cáceres resumen de historia local.” Antonio Rubio.
- “Paseo por la eternidad.” Francisco Acedo.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Monumentos desaparecidos: La Puerta de Coria o del Socorro



En la actual Plazuela del Socorro se hallaba desde la época romana la llamada Puerta de Coria o Puerta del Socorro que daba acceso a la Villa de Cáceres por el lado norte, y ahí estuvo hasta que en el año 1.879 fue derribada por el Ayuntamiento a instancia de don Joaquín Muñoz Chaves personaje influyente de la ciudad.
 
Lugar donde debió estar la desaparecida Puerta de Coria.

El 4 de octubre del año 1.879, el citado Joaquín Muñoz Chaves, perteneciente a una saga de políticos, y que fue decano del Colegio de Abogados, diputado a Cortes por los distritos de Coria y Alcántara y posteriormente senador del Reino, y que residía en la calle Tiendas, a la cual se accedía por dicho arco romano, propuso al Ayuntamiento el derribo de este, porque según consta en su solicitud: 

“…el cual despojado por complemento de todo merito artístico que aconseje su conservación tiene en sus rincones un depósito de suciedad incompatible con la buena higiene y limpieza de esta parte de la población…Y constituye en sus pesadas arquerías un poderoso obstáculo al ensanche y buen ornato del sitio en que está emplazado.”
El 29 de octubre de 1.879 con el beneplácito de la Comisión de Ornato del Excmo. Ayuntamiento de Cáceres al frente de la cual estaba José López-Montenegro, y apoyado por el informe favorable del arquitecto municipal Emilio María Rodríguez, se acordó el derribo del arco:

 “…autorizar al expresado don Joaquín Muñoz Chaves para que por su cuenta realice dicha obra, utilizándose de los materiales que produzca.”

De nada sirvió que la tradición popular proclamara orgullosa que por esa Puerta de Coria, entraran en el año 1.229 las huestes cristianas de Alfonso IX para la reconquista de la plaza de Cáceres hasta entonces en poder de los sarracenos (como ya relaté en “La leyenda de la Princesa Encantada”) y  por eso pasó a llamarse la Puerta del Socorro. Tampoco importó que por allí entrarán y salieran nobles, villanos, personajes ilustres de la historia local o reyes de España.  
 
Sillares de la muralla adyacente a la puerta.

El 16 de de febrero de 1.880, intervino de oficio para su conservación la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando instando al Ayuntamiento cacereño:
 “a manifestar cual era el verdadero estado de un notable arco antiguo de esa capital que por su mérito era digno de conservarse y que, según ha dicho la prensa, ha sido demolido contrariamente a lo dispuesto en el Real Decreto de 16 de diciembre de 1.873.” 

Pero ya era demasiado tarde, el arco ya había sido derribado.

El 25 de febrero de 1.880 los ediles cacereños respondían a la Real Academia por medio del arquitecto municipal Emilio María Rodríguez que trató de justificar tal tropelía alegando: 

“Que ni por la prensa ni por persona alguna entendida se le haya nunca considerado como de mérito artístico ni científico.”

Y además añadía una descripción en su informe sin consistencia artística ni arquitectónica describiendo así la puerta:

“Dos fuertes machones, continuación de la muralla antigua, le servían de estribos y sin más fajas, ni cornisas, ni adornos, ni decoración alguna, volteaba un arco de sillería de medio punto y tres metros de luz, mal labrado, enrasado horizontalmente por la parte superior con fabrica de ladrillo y mampostería, mal enlucida por ambas caras y coronado por una especie de hornacina que encerraba una imagen aquí de antiguo venerada.”  

Por esta descripción sabemos que la puerta del Socorro debió ser muy parecida en su estructura a la también puerta roma del Arco del Cristo, con un arco de medio punto con dovelas almohadilladas, flanqueada por dos torres defensivas y encima de la puerta una hornacina consagrada a Nuestra Señora del Socorro, talla policromada de 30 centímetro que databa del siglo XVII, que fue retirada y recolocada en 1.940 en otra hornacina en la Casa de los Condes de Trespalacios. 
  
Recreación de la puerta (Libro Antonio Rubio)

            Incompresiblemente como ocurrió con la Puerta de Mérida, la Puerta del Socorro fue otros de los monumentos con una gran historia en sus piedras desaparecidas del panorama arquitectónico de Cáceres por caprichos de personajes influyentes insensible a la historia y al arte, y con la permisibilidad municipal. Pero como la historia se repite no serán los últimos monumentos que se derriben, pero eso lo contaremos otro día.

            Gracias y hasta la próxima.


            Escrito por: Jesús Sierra Bolaños 

Bibliografía consultada:

-         Documentos del Archivo Histórico Municipal.
-         “Cáceres ciudad histórico artística”. Antonio Rubio Rojas.
-         “Paseo por la eternidad.” Francisco Acedo